martes, 21 de julio de 2009

"Me he pasado la vida juegando"


"Nunca he tenido tiempo de aprender a limpiar y cocinar. "Sueño con morir en un escenario". "La fama es como un accesorio que trato de no llevar puesto", asegura la mexicana que le dio vida a la inolvidable 'Chilindrina'.

Por Lucy Lorena Libreros
Publicado en El País - Noviembre 2006


Siempre quiso ser una vedette. De esas a las que la fama persigue fervorosamente, de las que dejan a su paso una estela de autógrafos y ‘flashes’ de cámaras. Se imaginaba llorando a lo Sarita Montiel o Dolores del Río. O que a lo mejor sus personajes llegarían a ser tan desgarradores como los que decenas de veces inmortalizó la bella María Félix. Y la vida le cumplió. Sólo que no la puso a llorar, la puso a reír. Durante 27 años, María Antonieta de las Nieves ha sido una vedette a su manera. Una de 1,55 metros de estatura, con pecas, gafas, sin un diente y peinada de colitas.
Tres generaciones han aprendido a quererla así, desde ese abril de 1971, cuando se convirtió en ‘La Chilindrina’, la niña llorona y astuta de una vecindad mexicana que enamoró a Latinoamérica. Por ese entonces rondaba los 18 años. Hoy, a sus 56, aunque duda de que su personaje la haya encasillado, se considera tan traviesa como la pequeña de vestido verde y saquito rojo enrollado.
Sólo ‘La Chilindrina’ consigue hacerle olvidar que es una abuela y le ayuda a convertirse, para sus cuatro nietos, en la niña juguetona que la pequeña del ‘fíjate, fíjate, fíjate’ no le ha dejado sacar del alma. Es una chiquilla traviesa que le da por asustar a su esposo, Gabriel Fernández, que ha estado a su lado en los últimos 35 años.
Será por eso que María Antonieta no ahorra calificativos para ‘La Chilindrina’ y para defenderla, incluso a costa de perder una amistad de más de 20 años con quien alguna vez llamó el papá de su personaje: Roberto Gómez Bolaños. "Siento que en algún momento él y yo fuimos como un matrimonio. Sin ese padre tan maravilloso, ‘La Chilindrina’ jamás hubiera existido", asegura la actriz y humorista, nacida en Nayarit, México, que corrió el telón de su vida artística y le permitió conocer a El Pais el show de su vida.

¿Por qué dice que su niñez no fue como la de los demás niños?
Porque, aunque fue una época muy bonita, empecé a trabajar desde los 6 años. No pude jugar mucho a las muñecas o a la bicicleta, porque me la pasaba trabajando casi todo el tiempo. Además, mis papás eran comerciantes y tenían tiendas de ropa, y cuando no estaba trabajando, estaba en los almacenes de ellos. Era muy pequeña, pero hacía de todo: teatro, cine, doblajes para películas.

¿Cómo aprendió a manejar la fama desde tan niña?
De niña no me afectó. De pronto, en la juventud, cuando me llegó la fama muy fuerte por lo de El Chavo del Ocho me desubiqué, pero Dios me hizo recapacitar a tiempo y volvió a colocarme los pies en la tierra. Ahora la fama es como una accesorio que a veces trato de no llevar puesto.

¿Cómo nace ‘La Chilindrina’?
Siendo niña hacía muchos doblajes de películas americanas y en mi serie favorita, Mis Adorables Sobrinos, doblaba a un niño y una niña al mismo tiempo. De estos personajes tomé diferentes cosas: la niña se hacía dos colitas, el niño tenía pecas y era mueco y la muñeca de la niña tenía gafas. Entonces, cuando Chespirito me propuso hacer el papel de una niña en el Chavo del Ocho, tenía la idea lista.

¿Alguna vez se ha sentido encasillada por cuenta de ese personaje?
Hace diez años sí pensé eso, porque me llamaron para hacer una película, Sor Batalla, no como ‘La Chilindrina’ sino como María Antonieta de las Nieves y me gustó tanto que me pregunté qué pasaría si dejaba un ratito en el baúl a ‘La Chilindrina’ y me dedicaba a ser María Antonieta de las Nieves.

¿Pensó en dejar ese papel?
Estuve tentada, pero en aquella época una colega actriz me dijo que no estaba de acuerdo con esa decisión; dijo que María Antonieta de las Nieves había muchas, pero ‘Chilindrina’ sólo una y que no sería justo que yo se la quitara al mundo. Ese día entendí que mi prioridad debía seguir siendo ese personaje que había creado para los niños.

¿Se siente extraña cuando interpreta papeles distintos?
La verdad, sí. Hace poco participé en Sueños y Caramelos, una novela donde me tocaba hacer de abuela rica. Nunca creí que a mi edad me llamarían para hacer papeles dramáticos. Cuando me hicieron la propuesta pensaba si la gente me creería en ese nuevo rol, después de que toda la vida había encarnado a una niña de 8 años. Pero me fue muy bien, la gente sabe que puedo hacer cientos de papeles diferentes, pero que por dentro seguiré siendo ‘La Chilindrina’.

¿Dónde se siente más cómoda: en el cine o la televisión?
Son cosas muy diferentes y ambas me encantan, pero me hubiera gustado hacer más cine. Todavía siento que puedo hacer grandes papeles.

¿Cuál ha sido el secreto de ‘La Chilindrina’?
‘La Chilindrina’ no hubiera tenido éxito si no viviera en la vecindad, sino tuviera un papá como Don Ramón y unos amigos como Kiko, Noño y El Chavo. Además, no se puede negar que se trata de una historia muy bien escrita.

Y si le debe tanto al Chavo del 8, ¿por qué separarse de Roberto Gómez Bolaños?
Los roces con él nacieron cuando la serie volvió a tener mucho auge en México. Mucha gente no sabe que los capítulos que más se ven y se rotan, incluso hoy, fueron aquellos que se hicieron durante los primeros seis años de grabación del programa cuando estaba el elenco en pleno. No aquellos donde ya no estaban ni Don Ramón ni Kiko. Esa serie nunca más se vio en México hasta hace cinco años. Y, fue tal el éxito, que Televisa y Roberto Gómez quisieron hacer mercancía con todos los personajes de la vecindad. Aunque sabían que yo había registrado mi personaje de ‘La Chilindrina’ no me pidieron autorización para comercializar su imagen. Y, como ellos no quisieron hacerlo, pues ahí nació la bronca.

¿Cómo están ahora sus relaciones con él?
No ha habido ningún acercamiento con Roberto desde entonces. Hace tres o cuatro años que no lo veo, aunque si me preguntan por él no puedo sino hablar bien, es una gran persona. Él siguió haciendo sus proyectos, yo los míos. Por encima de todo lo respeto, me dio la oportunidad de ser una eterna niña.

¿De los amigos de la vecindad cuáles conserva?
Desgraciadamente, ninguno. Las cosas no quedaron como para estar de grandes amigos.
¿Cómo cree que se ve la serie animada del Chavo del 8 sin ‘La Chilindrina’?
No creo que me quede muy bien responder eso, además no es que la haya visto mucho. Pero mi nieto, sin que yo se lo preguntara, me aseguró hace poco que ‘La Chilindrina’ hace falta, que extraña esa niñita llorona que vive en la vecindad. ‘La Chilindrina’ era uno de los encantos de ese lugar.

DE LA VECINDAD A LA CASA.
¿Cómo es María Antonieta en su casa?
Es una fatal ama de casa, nunca he tenido tiempo de aprender a limpiar y cocinar. Yo llego cada noche y me atienden como al hombre de la casa, me pasan desde el plato de comida hasta las pantuflas y la pijama. Simplemente, me limito a preguntar cuál es el menú del día.

¿Se arrepiente de eso?
Creo que he sido una buena madre y una buena esposa y eso es más importante que saber fritar unos huevos.

¿Qué tanto tiene María Antonieta de ‘La Chilindrina’?
Las dos tenemos mucho de las dos. De ella me gusta que es descomplicada al vestir, que no se maquilla; soy traviesa y de buen carácter como ella, pero cuando me enojo no hay quien me aguante, si ‘La Chilindrina’ llora, pues yo grito. Bueno, lo importante es que a los dos minutos los enojos se le olvidan a ‘La Chilindrina’ y a mí también.

¿Por qué se siente como una eterna niña?
No ves que ‘La Chilindrina’ siempre cumple 8 años. No, mentiras, creo que he sabido conservarme joven porque, a pesar de tener 56 años, realmente no los aparento. A veces me siento como de 40.

¿Divierte las fiestas familiares con su personaje?
No, y me molestaría muchísimo que me lo pidieran, porque cuando estoy en familia de lo que más quiero olvidarme es de mi trabajo. Jamás hablo como ‘La Chilindrina’ si mi papel en ese momento es el de María Antonieta de las Nieves, como tampoco me porto seria cuando tengo mis dos colitas y mi vestido verde.

¿En algún momento la acomplejó su estatura?
En un comienzo sí, porque nunca me imaginé que me dedicaría a la comedia, mi sueño siempre fue hacer drama. Pero una vez creé a ‘La Chilindrina’ me di cuenta de que lo mejor que me pudo haber pasado en la vida fue ser bajita, porque de esta manera me creyeron que tenía 8 o años, mientras que los demás actores se veían como adultos haciendo de niños.

¿Cómo tomó el que sus hijos le siguieran los pasos en la televisión?
Dejé que fueran libres de decidir. Mi hija Verónica estudió en la Academia de Televisa, pero se retiró porque vio que la carrera es muy difícil, no aguantó el trote que tuve yo. Sin embargo, llegué a trabajar con ella en una serie, Aquí Está ‘La Chilindrina’, donde ella hacía de monja. Incluso, llegó a hacer de Patty, la niña linda que mortificaba a ‘La Chilindrina’ en la vecindad.
Con mi hijo Gabriel y mi esposo trabajamos juntos en la película ‘La Chilindrina’ en Apuros. La mía ha sido una familia de artistas.

¿Cree que ya hizo todo lo que aspiraba en su carrera?
Si, no hay duda. Puedo decir que toda la vida me la he pasado ‘juegando’, como dice ‘La Chilindrina’. He hecho novelas, he ganado premios de actuación desde los 9 años, he sido presentadora de televisión, he participado en teatro y cine, he grabado 18 discos. Pero, hay algo que aún me falta por hacer: un programa de concurso con mi personaje.

¿Qué podría envidiársele a ‘La Chilindrina’?
El hecho de haber viajado por todos los países de Centro y Suramérica, entre ellos Colombia. De ese país me encantó la comida, porque es muy parecida a la mexicana, especialmente por el ‘rocoto’ (lo que en Colombia se llama ‘hogao’). Colombia tiene una magia especial, cada que voy me siento como en mi tierra.

¿Cuando se jubilará ‘La Chilindrina’?
Nunca. A veces me pasa que el cansancio, tras una larga jornada, me lleva a decir "esta es mi última presentación, no doy más". Al día siguiente me arrepiento y sueño que muero en un escenario.

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